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:: 14 de Enero de 2009

cormela

Hace apenas unas semanas, se filtró a oídos de Cancercrisis que vecinos de la fábrica de ladrillos “Cormela S.A. Industrial, Inmobiliaria y Financiera”, ubicada en la intersección de las calles Ameghino e Irigoyen, vienen realizando insistentes quejas abrumados por la cantidad de polvo y humo que, por las noches, deja escapar la empresa.

Pusimos a laburar a un par de misioneros: Gabba Gabba, Lucio Vicente López, Original y El cowboy. Ellos recopilaron datos y tomaron las fotos, sentando la base de esta nota.

Si bien “Cormela S.A” no es la única fábrica de ladrillos que posee Campana, si es la única que produce ladrillos huecos y cerámica roja a nivel industrial. Aproximadamente en el año 3000 a.c. se conoce la fabricación de ladrillos, aún hoy siglo XXI, el desarrollo sigue siendo más o menos el mismo.

El proceso se inicia con la obtención de la materia prima, luego esta materia se tritura y homogeniza para luego pasar al moldeado, secado y cocción. En síntesis, para la producción “Cormela” consume greda (una parte de la tierra), a esta tierra la depuran, la amasan, la mezclan con cáscara de arroz y arena, la pasan por la máquina moldeadora, la cocinan en hornos y salen los productos colorados directamente al mercado.

Los momentos más críticos de la producción del ladrillo son la obtención de la materia prima y la cocción. La obtención de la greda o tierra colorada es considerada como una explotación minera a cielo abierto y exige una serie de requisitos a la hora de la extracción que explicaremos en una segunda parte. La etapa de cocción es uno de los momentos más peligrosos ya que los gases producidos por la combustión generan Monóxido de Carbono, Dioxinas y Furanos, Óxido de azufre, y Óxido de Nitrógeno.

Un contaminante importante es el polvillo, y contiene diversos elementos. Afecta en mayor medida cuanto más cerca de la planta nos encontremos, por lo que es esperable que se vean mayormente afectados los trabajadores. El principal efecto sobre la salud es un deterioro progresivo de la función pulmonar, mediante bronquitis crónica, enfisema o agravamiento de condiciones preexistentes (asmáticos). Además, ciertos elementos pueden acumularse produciendo depósitos pulmonares, que contribuyen a deteriorar la función respiratoria.

Efectos similares (salvo la acumulación) tiene la exposición crónica a óxidos de azufres como el ácido sulfhídrico, que ocasiona a bajas dosis y como efecto agudo cefaleas, nauseas, irritación ocular, tos. La exposición crónica se asocia con debilidad, fatiga, irritabilidad y síntomas depresivos.

Los tóxicos más peligrosos generados en una fábrica como Cormela son las Dioxinas y Furanos. Son dos de los llamados “COPs”, Contaminantes Orgánicos Persistentes, por su capacidad de acumulación en tierra y tejidos biológicos. Esto significa que las sucesivas exposiciones aumentan la toxicidad del elemento, ya que a mayor acumulación mayor efecto. Estos efectos incluyen trastornos de la piel y de mucosas (bucal, conjuntival, gastrointestinal), cáncer (principalmente linfomas, leucemias y sarcomas) y efectos teratogénicos (malformaciones fetales y abortos espontáneos).

Todas estas sustancias se suman a las que emanan otras empresas de la zona, y también alejadas. Es así como Cormela contribuye al aire de Campana.

Pero además, detrás de la producción de ladrillos hay un negocio paralelo por descubrir ¿De donde se obtiene la materia prima? ¿Quién provee a Cormela S.A de ella? Son respuestas que intentaremos encontrar la semana que viene, cuando esta nota continúe...