Las semanas finales del año son siempre semanas felices para los habitantes de Ciudad Petardo. Las lucecitas se enroscan en los faroles de los canteros como serpientes brillantes. Casi nadie está enfermo en Diciembre, y los que lo están, bueno, a cualquiera le puede pasar. Todos los niños buenos reciben sus regalos y juegan con estrellitas. En ninguna mesa falta el brindis, porque todas las familias de Ciudad Petardo están bendecidas por las industrias, que nos dan el pan, el pan dulce y el trabajo. Por todo esto, la familia de Ciudad Petardo es una familia agradecida.
Hay, como en todos lados, algunas ovejas descarriadas. Algunas manzanas podridas. Algunos descontentos. Algunos inadaptados de siempre, de esos que andan diciendo que Papa Noel no existe o que ni siquiera ven el vaso medio vacío cuando está claramente ¾ lleno.
Somos Cancercrisis. La mayoría de nosotros cree en algo y respeta a los que creen en cosas diferentes a las nuestras porque, en definitiva, todo ser humano necesita creer en algo. Pero también sabemos que algunas cosas requieren de la fe. Otras no.

“En el panel pictórico de la iglesia criptal, inaugurada el 8 de diciembre del pasado año, son representados los Santos Obispos, Padres de la Iglesia hispana, en un contexto de paisaje de la región que actualmente ocupa la diócesis, con la Basílica de Luján y la imagen de la Ssma. Virgen sugerida al fondo y arriba. Se refirió también Mons. Oscar a la relación entre la secularidad y la vida espiritual, y cómo el Espíritu, que todo lo puede y todo lo penetra, es el que guía a la Iglesia y a la humanidad hacia la plena transformación en Cristo, quien nos ha redimido, como verdadero Dios y verdadero Hombre.”
(http://obzaratecampana.com.ar/content/view/228/59/)
No, gracias.
No nos gustan los que se postulan como intermediarios entre el Espíritu y nosotros. Y no nos gustan porque muchas veces sus voces tergiversan las voluntades del Espíritu. No nos gustan porque el Espíritu (que ellos dicen representar) no nos quiere ver sufrir. No nos quiere enfermos. No nos quiere agonizantes. El Espíritu no quiere que un cáncer nos devore el páncreas lentamente. No quiere que veamos morir a nuestros hijos por leucemia. No quiere que esta Navidad ni la que viene, ni la otra, ni la otra, ni ninguna, alguien brinde en esta puta ciudad pensando que es el último brindis con los que ama. Somos Cancercrisis. Somos las ovejas descarriadas porque la pintura que celebra el Obispo de Ciudad Petardo nos asusta...

“Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Lucas 8:32)”
Hasta la semana que viene.
Feliz Navidad para todos.