“Yo sé que un día tuviste sueños
no viste un río cuando pequeño,
pero tu alma se te alegraba
con la llegada del vendaval.
Huellas cansadas tienen tus pasos
pero aunque el río sea muy manso
poquito a poco se enfrenta al mar.
A veces pienso que todo el pueblo
es un muchacho que va corriendo
tras la esperanza que se le va,
la sangre joven y el sueño viejo
pero dejando de ser pendejo
esa esperanza será verdad.”
(Alí Primera; “Canción mansa para un pueblo bravo”)
Queremos que la Navidad y el año nuevo pasen hoy, con esta nota. Queremos dejarlos atrás como quien deja atrás las ruinas humeantes.
Este año, con la pasiva juntada de firmas, dijimos “NI” al CEAMSE.
Este año nos embocaron con la termoeléctrica.
Este año ESSO tuvo 365 días de emisiones cancerígenas, y al menos 3 episodios por mes en promedio de GRANDES EPISODIOS CONTAMINANTES.
Este año descubrimos un depósito ilegal de PCB en pleno centro, pero nadie se mete con EDEN.
Este año descubrimos a Olivieri Jr. que seguía con el negocio de los tubos cerca del cementerio. Nos escucharon, lo clausuraron, lo obligaron a “clandestinizarse”. Pero antes fue necesario que un hacker hackeara la página de la Municipalidad con la noticia de Cancercrisis.
Este año Jorge Lanata vino al Concejo Deliberante con una hojita donde tenía anotadas cosas que había leído en Cancercrisis.
Este año a un lector (Juan Quenedi) se le ocurrió una idea: abrir el fotolog de Cancercrisis, y el efecto positivo logrado fue completamente inesperado.
Este año Cancercrisis publicó un informe sueco con un relevamiento completo de la situación ambiental en la zona, que el CICACZ y el Municipio habían mantenido oculto por 10 años.
Este año Cancercrisis publicó un trabajo científico, el primero que dice que vivir en Campana aumenta el riesgo de tener cáncer. Ese estudio SOLAMENTE tenía en cuenta los niveles de Arsénico. Si se contaran todos los demás contaminantes que forman parte del aire, del agua y del suelo, imaginen lo que sería.
Este año el Director Municipal de Medio Ambiente fue acusado de concurrir a la clausura de una empresa en evidente estado de ebriedad. Ahí sigue.
Este año, Ernesto Poirot descubrió el “Lago Papel”, una masa de agua contaminante saliendo de Papelera Latina. La Secretaría de Política Ambiental y la dirigencia local sumaron otro gran papelón: clausuraron la empresa y levantaron la clausura el mismo día. Esa semana, por primera vez una foto de Cancercrisis (tomada por Ángela Soya) fue tapa de un medio local.
Este año, aparecieron por primera vez pintadas en la calle denunciando la contaminación, pidiendo “BASTA DE CANCER”.
Este año pudimos ver cómo Siderca cuidaba los pececitos de su “reserva”.
Este año supimos que el Registro de Cáncer en Campana ya no existe, y nadie sale a hablar del tema todavía.
Este año los campanenses elegimos una Intendenta, por primera vez en nuestra historia.
Este año, en esta ciudad tan conservadora, comenzaron a surgir otras lucecitas: en internet, en las escuelas, en las calles, en el boca en boca, en algunos medios, en sus conciencias. Esta es una sociedad que está cambiando, que se está transformando a paso lento en otra cosa. Esta sociedad que poco a poco va eligiendo a quién creer y a quién no; que ya empieza en parte a dejar de comprar las medias verdades que intentar venderles los medios y los políticos locales. Son obreros que empiezan a divulgar las verdades en las fábricas; profesores de colegios estatales o privados que le hablan a sus alumnos de la página; universitarios que citan a Cancercrisis en sus tesis; adolescentes que ponen en aprietos a los guías que les quieren contar el cuento cuando las escuelas visitan ESSO o Siderca. Pequeños despertares todos ellos, que amplifican el grito y aguardan el gran despertar.
Y del otro lado, lo de siempre, lo almidonado, lo cómodo, lo acostumbrado. Los que niegan la realidad porque aceptarla sería reconocer que fueron durante toda su vida unos pelotudos. Los que la niegan porque les conviene económicamente. Los que la niegan porque les conviene políticamente. Los que la niegan porque les conviene judicialmente. Los que la niegan por tradición, porque aceptarla sería reconocer que son hijos y nietos de gente que se comió el cuento.
Pero esa no es ninguna deshonra. Esta ciudad la construyeron nuestros padres y nuestros abuelos, y la han hecho pujante, y la han dejado en nuestras manos. Ellos dieron sus pulmones por los hornos de Siderca. Ellos entregaron sus cuerpos sanos a las empresas que les exprimieron hasta el último día de vida, y se murieron escupiendo sangre en una cama, y las empresas enviaron coronas al entierro o a lo sumo hicieron entrar a sus hijos a trabajar en ellas.
Queda mucho por cambiar todavía. No tenemos fuerzas para torcer ninguna mano. Sigamos sumando. Sigamos abriendo los ojos. Cuando estemos todos despiertos ya no habrá que esperar a que nadie decida por nosotros.
Hasta la semana que viene. Si sobrevivimos.
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